Vomito 23
No hay refugio posible. Solos frente al mundo estamos. Acá, escuchándolo a José Millán. Lo pauso, pongo a Marconi Union en Spotify. Pienso que me quiero ir de Spotify, empresa caduca y fascista. Giro la cabeza, hago estiramientos de cuello para aflojar la tensión. Pienso en el 39 que te lleva a Palermo Soho, o alguno de esos Palermos, adonde tenía clases de yoga con Richard. Pienso en esa cotidianeidad tan bonita. Pienso en mi ciudad.
Vuelvo a recordar lo que dijo José Millán, eso de estar solos frente al mundo. Es tan cierto… así me siento hace meses. Solo, encarando mi camino, con miedo, con miedo a morirme, a no poder concretar mis metas, con la sensación del límite respirándome en la nuca. Así y todo sigo. No sé de dónde saco fuerzas. Mi corazón sigue latiendo y yo sigo respirando.
Suena Weightless de fondo, de los Marconi Union. Mi garganta se atraganta un poco, la sensación de angustia vuelve. Escucho unas boyas a lo lejos, boyas en el mar, tan bonitas; suenan a agua calma, agua calma que las mece en la tranquilidad.
¿El mundo se va a la mierda? No sé qué hacer, si quedarme en Barcelona o volver a Argentina. Siento que Barcelona es un punto de ataque seguro para una futura guerra. A estos perros… no, perros no… darle el nombre de un animal tan leal a esta calaña del ser humano es elevarlo a algo divino que no merecen. Nuestra naturaleza tiene estos matices de oscuridad.
Pensamos que sabemos… pensamos que, como podemos ser conscientes, sabemos que lo que hacemos tiene consecuencias. Pero los que aprietan el botón rojo se tapan los ojos y extienden el dedo. No cabe en sus carcasas toda la vastedad de la consecuencia. Se hacen los ciegos. Pero no son ciegos. Se mienten a sí mismos.
Todos… todos nos mentimos. Ahora mismo nos mentimos, pensando que tenemos una sociedad que está avanzando. Simplemente estamos cavando nuestra propia fosa. Y lo más terrible es que estamos cavando fosas para las generaciones por venir. Nuestro poder anticipatorio nos ha condenado.
En todo esto, recuerdo que te recomendé Weightless en un mail. Te hablo como figura omnipresente. A veces pienso que te trascendí… y, en pequeños momentos de calma, caigo en cuenta de que te recuerdo como un haz de luz entrando por mi ventana. Sos esa calma y, al mismo tiempo, sos el tornado que arrasa con la calma. Sos dos. Una furia incontrolable, un volcán en erupción y una gota que resbala de una hoja, una mantis en perfecto equilibrio.
Sos para mí la manifestación más clara de la naturaleza. Te amo, te temo, te odio y te alabo. En distintos momentos, en distintas estaciones, en distintas sintonías, en distintas canciones.
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